Iván Duque ha superpuesto su militancia en el partido Centro Democrático, su fidelidad  a los designios del líder de ese grupo político y su afinidad con uno de los candidatos a  la Presidencia, Federico Gutiérrez, a su condición de Jefe de Estado.

Esto representa una  clara  violación  a  los  principios  de  una  república  democrática  y  atenta  contra  la  imparcialidad y plena objetividad que debe tener la rama ejecutiva del poder público  en los procesos electorales. 

A quien ocupa el principal cargo del Estado colombiano se le ha olvidado, como muchas  otras  veces,  que  al  haberse  posesionado  como  Presidente,  fue  investido  con  una  autoridad cuyas finalidades son el bienestar de todo el pueblo colombiano, el cuidado  de la separación de poderes y la protección de la democracia. Estos son los mandatos  que debe ejecutar y no usar su condición para convertirse en vocero de los intereses  electorales de un expresidente. 

Las recientes acciones y pronunciamientos de Iván Duque en señal de apoyo a Federico  Gutiérrez,  debilitan  profundamente  nuestras  instituciones  y,  en  especial,  a  la  organización electoral, pues se pueden constituir en una injerencia directa del principal  funcionario público del Estado colombiano, en los procesos institucionales que debe  ejecutar, sin ningún tipo de constreñimiento la Registraduría. Además, si tenemos en  cuenta la cercanía personal entre el presidente y el actual registrador nacional, son aún  más las dudas que las declaraciones de Iván Duque siembran sobre la imparcialidad de  los procesos electorales de cara a la elección del nuevo presidente de la República en  pocas semanas. 

La cuestión es simple, de ahora en adelante, como debió haber sido desde el inicio de  su  mandato,  Iván  Duque,  en  su  calidad  de  mandatario  de  los  colombianos,  debe  abstenerse  de  generar  el  menor  atisbo  de  injerencia  en  los  procesos  electorales  y  garantizar  la  imparcialidad  total  de  sus  funcionarios.  Debe  dedicarse  a  cumplir sus  funciones  en  el marco que la  Constitución  y las leyes  colombianas le  ordenan; y no  utilizar su poder para favorecer a un candidato; o para ser vocero de los mensajes de su  jefe político. El presidente está para servir al pueblo, no para ser jefe de campaña de un  candidato.

Autor: Juan Manuel Galán Pachón