Este 20 de julio pudimos ver en la instalación del nuevo Congreso de la República, la  reiteración  de  la  desconexión  tan  profunda  que  ha  mantenido  el  gobierno  de  Iván  Duque con la realidad de la sociedad colombiana.

El presidente a gritos y entre gritos,  nos  presentó  a  los  colombianos  su  país  de  las  maravillas.  Un  país  que, en  su  personalísima realidad paralela, gobernó durante 4 años. Casi en una actitud delirante,  relató un cuento de hadas que describe una Colombia prácticamente idílica, en la que  todo va bien y donde la pobreza, la guerra, la deforestación y el narcotráfico están muy  cerca de ser superados. Incluso, en medio de su burbuja, Duque quiso vendernos la idea  de que la seguridad de los líderes sociales, o la restitución de tierras son logros de su  gobierno. 

La  realidad  es  que  perdimos  cuatro  años  para  avanzar  de  manera  decidida  en  la  superación de nuestros problemas estructurales. El gobierno saliente deja un legado de  desinstitucionalización, reflejado por ejemplo en la politización de los organismos de  control y de la fuerza pública; la campaña sistemática de saboteo al cumplimiento de  los acuerdos de paz y el saqueo a sus recursos; así como escándalos de corrupción que  tocan la más íntima esfera de la institución presidencial. 

El tiempo es irrecuperable pero no todo está perdido si retomamos el acuerdo de paz y  la agenda de los objetivos de desarrollo del milenio. Inicialmente, en materia de paz y  de  tierras,  es  vital  enfrentar la mafia  del  despojo incrustada  en las instituciones  del  sector. Es prioritario también, trabajar en la construcción de un Estado territorial con  presencia social integral que garantice gobernabilidad. Promover una infraestructura y  oferta social del Estado local en los territorios, que permita asegurar gobernabilidad y  seguridad para eliminar el caldo de cultivo en el que florecen las estructuras mafiosas  que se alimentan de las rentas criminales y de la compra del poder político. Estamos  hablando  de  las  6  grandes  mafias:  contrabando,  narcotráfico,  despojo  de  tierras, minería criminal, robo a la contratación pública y trata de personas. 

La reforma rural integral es necesaria y el nuevo gobierno no la puede postergar, como  pasó con el gobierno de Duque. En este punto, el avance del catastro multipropósito es  una de las principales herramientas para actualizar los predios rurales en Colombia y  desarrollar de manera adecuada la restitución de tierras que merecen las víctimas. Si  se sigue frenando la restitución y se mantienen los privilegios tributarios a las grandes  extensiones de  tierra  fértil pero improductiva, en Colombia la desigualdad rural y la  injusticia contra los campesinos seguirá rampante. El nuevo gobierno tiene el gran reto  de gobernar para el país real.

Autor: Juan Manuel Galán Pachón